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Reseña humeante de "El llano en llamas"

El llano en llamas
El mexicano Juan Rulfo nos entrega 16 cuentos ambientados en aldeas, pueblos y cerros, o de “allá en la sierra” como les gusta decir a ellos, los cuales contienen bellas descripciones topográficas, de flora y de fauna, tanto salvaje como doméstica estas últimas. Todos con muy particulares agregados fantásticos a los lugares, toques inverosímiles a los hechos, cualidades místicas en las cosas y condiciones peculiares en los personajes.
Relatos que no son demasiado ajenos a la provincia guatemalteca, porque como herederos de culturas similares, México y Guatemala comparten más que fronteras e idioma español. Tienen en común, por ejemplo, problemas históricos de orden social como pobreza y ausencia de Estado en materia de seguridad, salud e infraestructura. No menos relevantes son las costumbres de gran arraigo como una religiosidad que moldea pensamientos y conductas y los flagelos como el alcoholismo. Y es eso, en buena medida, lo que se recoge en  este libro.
El título del libro, El llano en llamas, sugiere fuego, combustión, volatilidad, conflicto. Y me parece bien logrado. Llama la atención, por constante, el siempre susceptible tema de la muerte, al punto de abordarlo explícitamente en 11 de los cuentos, lo que demuestra la clara intención del autor de plasmar esta triste realidad. Y en ese sentido mortuorio, si una obra literaria es reflejo de su tiempo, observo que en estas historias a los asesinatos no les sucede una acción de los órganos de justicia, eso nos permite visualizar cierto abandono gubernamental en el México de mediados de siglo, como sucede hoy bastante en Guatemala, con el desafortunado agravante de que lo nuestro es realidad y no ficción.
El lector puede encontrar aquí muchos momentos donde se sentirá como conducido fluidamente sobre letras, palabras, líneas y páginas, encontrando una lectura sin muchas complicaciones. Viaje en el cual merecen advertirse, eso sí, algunos regionalismos del campo o suburbanos, como las contracciones “orita” por ahorita y “buenisano” por bueno y sano, vocablos que, sin embargo, no deberían presentar mayor dificultad para un lector medianamente familiarizado con las expresiones guatemaltecas.
El llano en llamas es a la vez uno de los 16 cuentos, en donde si bien el elemento fuego está presente en su sentido literal también lo está en su sentido figurado, con la conflictividad humana como asunto candente. Es un magnífico relato de persecución que nos muestra el lado atroz de las conflagraciones políticas.
En otro relato, nos presenta el drama humano de la enfermedad, donde un hombre es conducido por su esposa y por su hermano hacia un pueblo llamado Talpa, lugar en el que muere. Aquí, como en muchos de los relatos, se refiere a la muerte sin solemnidades, con crudeza. Le imprime a veces un tono tan simplista como si no fuera cosa grave o trascendental.
Anacleto Morones es un cuento donde se pueden hallar matices de picardía, buen humor y sexualidad. Rulfo nos narra de forma excelente un sincretismo religioso y nos da una luz de cómo empiezan algunas creencias y religiones. No es lo normal, pero en este cuento disfrutará con dichos irreverentes que rayan en lo blasfemo y ocurrencias graciosas que perturban la fe de la sociedad conservadora.
Y un cuento que nos recordará mucho a Guatemala es uno llamado El día del derrumbe, porque el tema es la visita de un gobernador, político de singular y demagógico vocabulario que bien puede ser uno de nuestros representantes, tras un sismo devastador, desgracia que puede ocurrir en nuestro suelo, y una concentración de pueblerinos que responde más a la emoción que a la razón, que muy bien refleja la idiosincrasia de los chapines, sin olvidar la ingesta desmedida de alcohol y sus consecuentes líos de borrachos, que se corresponde perfectamente con los hábitos de los guatemaltecos.
Hay, por otro lado, un cuento llamado La herencia de Matilde Arcángel, en donde me parece encontrar algún paralelismo con Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza, pues sus pintorescos actores principales se les parecen en lo físico, con unos primeros párrafos de tinte humorístico que atrapan e intrigan la imaginación, pero que luego dan un giro inesperado hacia el amor y la tragedia. Todo ello con excelentes descripciones de la ruralidad mexicana.
De manera que El llano en llamas es un libro que no lo dejará indiferente. Si usted toma distancia de historias edulcoradas tipo Walt Disney y, por el contrario, halla disfrute en lecturas de corte fúnebre, tétrico, crudo, espeluznante, penumbroso y fantasmagórico, aquí hay de primera calidad.

Marlon Iboy; miembro de la Comunidad de Lectores, es pasajero frecuente del Vagón de Lectores; lector entusiasta, acucioso y escritor en ciernes. Con esta colaboración incursiona en nuestro blog, quedando pendiente de dar a conocer su primer libro de cuentos 

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