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Reseña de una obra incendiaria de un centenario y vital autor


Juan Rulfo.  El llano en llamas. Por Edgar Amado
De la literatura mexicana, a la hispanoamericana y a la universal, Juan Rulfo saltó sin prisas.  Su México rural queda bellamente retratado en su obra literaria, en sus guiones cinematográficos y en sus fotografías. No improvisa, todo sale de una sensibilidad artística combinada con un meticuloso conocimiento de la historia, la antropología y la geografía de México. ¿Cómo se las ingenió? Pues simplemente con las agallas de poner en positivo todo lo negativo. Queda huérfano de padre a los seis años y de madre a los diez, quedando al cuidado de su abuela, crece en el pequeño poblado de San Gabriel, fue testigo de la rebelión de los cristeros, logra tener acceso a la biblioteca literaria de un cura, cuando quiso estudiar en Guadalajara, capital del Estado de Jalisco, cerraron la universidad, viaja a Ciudad de México y tampoco logra ingresar a la Universidad Nacional, contentándose con estar de oyente en un curso de Historia del Arte en la Facultad de Filosofía, donde conoce mucha bibliografía sobre Antropología, Historia y Geografía de México.  Labora como agente de viajes viajando por todo el país.
Es todo ese material el que uno encuentra en su obra literaria.  Se apropió de México y sus conflictos sociales, su realidad política y económica y he allí cómo surge una obra  que golpea la conciencia, que sufre las soledades y los calores del yermo mexicano, pero que retrata la riqueza humana que se esconde en el más humilde arriero.  Juan Rulfo es el individuo que no hizo problema, ni de su nombre: Juan Nipomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, simplemente decidió ser JUAN RULFO.
El llano en llamas son relatos producidos con extrema calidad literaria, se siente el paisaje,  el olor del campesino, la crueldad del sol, la frescura de la noche. Con Juan Rulfo quedamos untados de la esencia rural mexicana.
Todos los relatos son preciosos; me ocupo a manera de muestra, de dos de ellos: Macario y Llano en llamas.
Macario está “sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas…son verdes de todo a todo menos en la panza. Los sapos son negros.  También los ojos de mi madrina son negros. Las ranas son buenas para hacer comer con ellas. Los sapos no se comen; pero yo me los he comido también”. La madrina no pudo dormir por el ruido de las ranas y en este momento logró descansar. Cuida rigurosamente al niño y es Felipa la que le da la mejor leche, la del pecho y le arregla bocados ya que él siempre está con hambre.
“Pero a todo esto, es mi madrina la que dice lo que yo hago y ella nunca anda con mentiras.  Cuando me llama a comer, es para darme mi parte de comida, y no como otra gente que me invitaba a comer con ellos y luego que me les acerca, me apedreaban.”
“Felipa es muy buena conmigo.  Por eso lo quiero. La leche de Felipa es dulce como las flores del obelisco. Yo he bebido leche de chiva y también de puerca recién parida; pero no, no es igual de buena que la  leche de Felipa.”
“Tal vez haya más grillos que cucarachas aquí entre las arrugas de los costales donde yo me acuesto.”
“Ahora estoy junto la alcantarilla esperando a que salgan las ranas…Si tardan en salir, puede suceder que me duerma y a mi madrina no le llegará por ningún lado el sueño si las oye cantar, y se llenará de coraje, y entonces le pedirá, a alguno de toda la hilera de santos que en su cuarto, que mande a los diablos por mí, para que me lleven a rastras a la condenación eterna, derechito, sin pasar ni siquiera por el purgatorio, y yo no podré ver entonces ni a mi papá ni a mi mamá.”
 El llano en llamas. ”¡Viva Petronilo Flores! El grito se vino rebotando por los paredones de la barranca y subió hasta donde estábamos nosotros. Luego se deshizo.”
“¿Qué fue?  Preguntó Pedro Zamora. “Entonces el Chihuila se levantó y, arrastrando su carabina como si fuera un leño, se encaminó detrás de los que se había ido.”
“Sentíamos las balas pajuelándonos los talones, como si hubiéramos caído sobre un enjambre de chapulines.  Y de vez en cuando, y cada vez más seguido, pegando mero en medio de alguno de nosotros que se quebraba con un crujido de huesos”
“Pocos días después, en el Armería, al ir pasando el río, nos volvimos a encontrar con Petronilo Flores. Dimos marcha atrás, pero ya era tarde.  Fue como si nos fusilaran”
“Estábamos allí, empezando a sentir que ya no servíamos para nada.  Y de no saber que nos colgarían a todos, hubiéramos ido a pacificarnos.”  “Pero en eso apareció un tal Armancio Alcalá, que era el que le hacía los recados y las cartas a Pedro Zamora….--Si no tienen nada urgente que hacer de hoy a mañana, pónganse listos para salir a San Buenaventura.  Allí los está aguardando Pedro Zamora.”
“Desde muchos antes de llegar a San Buenaventura nos dimos cuenta de que los ranchos estaban ardiendo… Y cuando al fin volvieron las tropas, se soltaron matándonos otra vez... Era deberse cómo se nos atoraban los güevos en el pescuezo...”  “Por eso nos desperdigamos… mientras en las faldas del volcán se estaban quemando los ranchos del Jazmín….Desde aquí veíamos arder día y noche las cuadrillas y los ranchos y a veces algunos pueblos más grandes….Era bonito ver aquello… Quemamos el Cuastecomate y jugamos allí a los toros.  A Pedro Zamora le gustaba mucho este juego del toro.”
“Pero la cosa se descompuso por completo desde el descarrilamiento del tren en la cuesta de Sayula.  De no haber sucedido eso, quizás todavía estuviera vivo Pedro Zamora y el Chino Arias y el Chihuila y tantos otros.”
“Yo salí de la cárcel hace tres años. Me castigaron allí por muchos delitos; pero no porque hubiera andado con Pedro Zamora.  Eso no lo supieron ellos. Me agarraron por otras cosas, entre otras por la mala costumbre que yo tenía de robar muchachas.  Ahora vive conmigo una de ellas… La que estaba allí, afuerita de la cárcel---.-Tengo un hijo tuyo- me dijo… allí está…. también a él le dicen Pichón…. Pero él no es ningún bandido ni ningún asesino. Él es gente buena….Yo agaché la cabeza.”

 Comunidad de Lectores, Guatemala, Mayo 2017.

Edgar Amado Sáenz. Miembro de la Comunidad de Lectores y pasajero conspicuo del Vagón de Lectores, colaborador habitual y vital del blog.

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