Dos lúcidas visiones de un onírico despertar


Reseña I.
El despertar del sueño/Mardo Escobar
“Ponerle el timer al televisor, diez, veinte, treinta, cuarenta minutos, nunca se sabe cuánto tiempo nos llevará reconciliarnos con nuestro pasado… Cerrar los ojos y creer tener la certeza de las cosas que no sucedieron así”
Un conjunto de historias bien escritas acerca de lo desgarrador que sigue siendo la insensibilidad de las secuelas que dejo la guerra en Guatemala. Para las familias, amigos, parientes que quedaron desolados por hijos, padres, hermanos cercanos que sufrieron desapariciones forzadas. Más allá de lo duro y triste que pueden ser las historias. De las cuales muchas personas no quieren escuchar por que duelen demasiado o no les provoca interés. Un libro recomendable para quien solo quiere disfrutar de una buena lectura. Historias bien estructuradas como “Donde nace el olvido” “Ojos de muñeca”, entre otras. Se ponen de manifiesto la genialidad como cuando el autor le da vida y pone sentimientos a una perra callejera y verbaliza sus emociones y ella describe cuando es adoptada por su dueño y lo que convive con él. Historias humanas de niños que tuvieron una infancia pobre, casi feliz, pero con finales muy trágicos. El rol de las mujeres y hombres por sobrevivir a la “soledad provocada u ocasional” como la explicaría el mismo autor de este libro. Desde luego que desearíamos que fueran historias creadas, producto de la imaginación de la autor. (Que así lo son). Pero que se filtran en las emociones pareciéndose mucho a la terrible realidad que se vivió. Y a la que no escapa un país como Guatemala. Un libro para hacer y mantener la memoria. Y no olvidar nuestra historia. ¿Para no repetirla?
Ojala pudiéramos tener un timer para detener el tiempo y agregarle un final feliz a todos los personajes de este libro, pero el mundo real no es así.
Un libro recomendable para todos los tiempos en la literatura e historia de este país.
Blanca Estela Alvarez

Reseña II.
EL DESPERTAR DEL SUEÑO de Mardo Escobar
Un sueño es comúnmente  identificado con algo maravilloso, lleno de fantasía, alegría y esperanza. Esa no es la acepción que usa Mardo Escobar.  Como tampoco su novena de relatos tiene relación con las novenas que religiosamente se rezan para obtener una gracia.  Aquí la novena nos ubica en la marginalidad de la ciudad de Guatemala, donde se decanta el porcentaje más alto de habitantes de la misma, primero obedeciendo la ley centrífuga, los poseedores de comodidad los ha echado a la orilla, al barranco, al cerro, a la covacha, a la inmundicia, pero a pesar de todo, los rechazados también sueñan.  De aquí surgen las características de los relatos, es una novena al dolor, a la miseria,  al no deber ser, por eso el sueño allí es tan duro como la realidad.
Nosotros, con silla donde sentarnos a leer, nos sentimos sacudidos porque  en el ambiente de los relatos no existen los colores rosa y sus derivados, brillantes o en pastel que nos invitan a soñar de otro modo, a soñar en lo que se ve en el paseo favorito: el moll, el súper, la propuesta ciudad intermedia, con marcas, luces y colores.  Aquí residen los sueños de los que nunca se quiere despertar pero que son sacudidos a la clase media, por el cobro telefónico de la tarjeta de crédito.
Mardo nos da realidades duras.  Los insensibles del confort no querrán saber de esta novena de cuentos.  Esto hace valioso el libro, es un tejido de descorazonadoras realidades.  Es cierto que el autor reconstruye, dosifica y expone, requiriendo a veces el recurso del lenguaje coloquial, pero como buen escritor tiene también las figuras literarias que hacen bella la urdimbre.
En el primer relato, La Reina del Vestido Roto, en la pensión de mala muerte le dice a él “mientras buscaba su ropa, que se encontraba regada como lo dictan las reglas de la pasión,” que aprendió  a decir adiós cuando su madre la  dejó abandonada entre el gentío del cementerio.  “Cuando mis ojos la buscaron ya tenía puesta la ropa con que la había conocido. Un pantalón de lona, pálido que daba la sensación de estar enfermo, cansado de amanecer en lugares distintos...”  ¿No es bella la forma de relatar?  Obsérvesela ternura humana en este párrafo, sin caer en lo cursi: “Salimos a la calle como dos viejos amigos que se encuentran después  de una larga ausencia.  No sé si a ella le sucedió lo mismo que a mí pero vi diferente el mundo que me rodeaba, pienso que ella también porque no veo otra explicación para la forma en que me tomó del brazo y me besó cerca de la oreja.”
En el cuento ¿Y Karina?  “Es tu primera vez, le dijo ella con un sentimiento maternal… En medio de sus piernas sintió cómo todo se iba alejando, cómo dejaba de existir Dios, la familia, y todo aquello que un día le habían dicho era “bueno”… Tuvo miedo de perder la inocencia pero no sintió remordimiento.”
En el relato Donde Nace el Olvido, puede usted calibrar este párrafo: “El Toto vivía con una tía que por su vejez, no lograba comprender que el Toto tenía el deseo de aprender a leer y a escribir para poder contestarle a su madre las cartas y corregirle “te estraño patojo” o “me ases falta mijo”, y otras cosas que su madre no pudo aprender.  ¿Será hereditaria la ignorancia?”
Al Final del Sueño confiesa “Lo único que quería era desandar el camino de los demás, descubrir qué  hay al otro lado de los sueños.  Por eso salía por las noches, porque quería  ver qué sucedía en la calle cuando todos estaban durmiendo.  Quería ver cómo entraban los sueños en las casas, y lo que conseguí fue ir a parar al bote….Descubrí que en la noche sucede lo mismo que en el día, sólo que es de noche  Los mismos temores rondan por las esquinas…  “A eso vienen los sueños: a vengarse de mí los muy cabrones.”
Mardo Escobar ha logrado una obra literaria muy de nuestro tiempo, sin etiquetas, sin compromisos, ni siquiera pretende quedar bien con nosotros los lectores.  Cada relato es expectación, pero también es un nudo en la garganta, es también un valioso intento de exorcizar a una sociedad autonegada, ¿Hasta cuándo?
Edgar Amado Sáenz.

El despertar del Sueño (Cuentos), Mardo Escobar, F&G editores primera edición 2004, 130 paginas.

Blanca Estela Álvarez. Miembro conspicua de la Comunidad, pasajera recurrente del Vagón de lectores, y colaboradora asidua del blog.
Edgar Amado Sáenz. Miembro conspicuo de la Comunidad, pasajero recurrente del Vagón de lectores de la Comunidad y colaborador asiduo del blog.


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