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Asturias 117 aniversario de natalicio y otros asuntos

El 8 de diciembre de 1967, Miguel Ángel Asturias recibía el premio Nobel de Literatura; el más grande reconocimiento a la excelsitud humana en diversos campos, en este caso a la genialidad plasmada en su amplia obra literaria. En Guatemala, el otorgamiento del galardón logró evidenciar una vez más la fragmentación socio-política, entendida y manifestada en bipolaridad extrema la que en esos tiempos se encontraba en su punto más álgido; logrando con dicho galardón, el hacerse también acreedor de una serie de descalificaciones e imputaciones tanto a su persona, como a su obra por parte del aparato o sistema real de poder y replicadas a nivel popular generalmente por ignorancia y malicia. Increíblemente mismas que subsisten a casi 50 años de ello por cuanto e igualmente su obra es apreciada y tenida en alta estima en otras latitudes, mientras que en la “república” descrita en su obra cumbre “El Señor Presidente” mantiene vigente su encanto de ficción narrativa; pero también las condiciones reales de exclusión y de pobreza, entre ellas paradójicamente, el analfabetismo en cualquiera de sus variantes como asimismo los prejuicios a su obra y persona.
Es sabido, sobre todo por nosotros que la mayor parte de iniciativas para la aproximación a la obra del premio Nobel, como las de otros autores “notables e importantes”, independientemente a lo competente a los sistemas formales académicos; son como muchas otras de las iniciativas en general eventos puntuales e inconexos; dirigidos por y a determinadas élites, usualmente en busca de notoriedad, como de un pretendido protagonismo solapado al utilizar dichos eventos como plataformas de difusión social a particulares intereses igualmente banales e intrascendentes; actitudes y conductas más bien apropiadas para nostálgicas “minervalias” replicadas constantemente in the performance, por actuales herederos putativos y siempre complacientes a distancia, del ya celebré “Sr. Presidente”.
En sí, el hecho de leer forma parte de una de las tantas prerrogativas formales de tan solo un porcentaje y grupos de la población guatemalteca, pese a que líricamente son parte de los derechos que debería gozar todo ciudadano. Es el por qué constantemente, hemos sugerido en diversos ámbitos que han tenido a bien el participarnos y especialmente ahora; para que la orientación de las actividades de conmemoración del cincuentenario del Nobel; deberían ser de la manera más inclusiva y participativa posible, para que toda la sociedad pueda sentirse identificada con la obra y persona del escritor, alguien surgido de la misma clase media aspiracional, el que encarnando en sí el ideal arquetipo del estudiante universitario: aplicado, solidario, bohemio, rebelde, burlón y contestarlo; como posteriormente como egresado profesional al igualmente: solidario, bohemio, consecuente, de carácter crítico y en continuo ejercicio de todo afán de superación y de actualización con su entorno social; pero sobre todo del ser humano que con todas sus virtudes y defectos, luces y sombras; logrará el mayor reconocimiento a nivel mundial; en base a su talento: desarrollando y potenciando el lenguaje vernáculo “del chapín coloquial” de personajes típicamente guatemaltecos, lográndolo situar a esa categoría de universal y trascendente.
En los albores de la industrialización, a finales del siglo XIX Charles Dickens presagiara. Que el principal mal universal que se cernía sobre la humanidad, sería dado precisamente por los principales vástagos de este nuevo sistema, encarnados en la miseria y la ignorancia. A, más de siglo y medio después, acrecentados y reproducidos con creces en un medio óptimo y ad-hoc, como estimulados plenamente de manera global; y recreados plenamente en una de las pequeñas aldeas nativas del cuarto mundo, regentada por políticos de quinta, enseñoreados plenamente con la sistemática y generacional cooptación del llamado Estado; de tal forma. Qué el fomento de la lectura y acceso a la cultura no son tareas precisamente prioritarias, entre las diversas áreas de rezago ancestral, por lo qué, parafraseando libremente al Nobel. “Solo borracho, loco o enamorado se puede vivir… y en este caso emprender dichas tareas That´s is the life in the tropic.  La propuesta queda en el aire, implícita y conforme con el nuevo Nobel. La respuesta está en el viento.



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