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El qué a un Guayacán centenario, se arrima...




GUAYACÁN
Reseña de Guayacán por Clementino Solares*
Corrían los últimos años de la dictadura de Ubico, cuando el acomodado estudiante petenero Valentín Ochaeta se traslada a Estados Unidos para estudiar la carrera de Agronomía.  Su corta estadía en la capital antes de partir, le deja  la impresión  de una ciudad con pocos atractivos y con un orden que se correspondía a un país gobernado con mano dura.  Va a estudiar la carrera de sus sueños cargado de ilusiones y proyectos de futuro, que lo motivan a tal grado que decide incluso prolongar su estadía en el país del Norte en aras de más conocimientos de su interés.
A su regreso a Guatemala, tropieza en primer lugar con un ambiente de efervescencia revolucionaria propiciado por el nuevo gobierno democrático, que lo desconcierta.  Luego, la ruina económica de su familia al haber invertido la mayor parte de su peculio en sus estudios en el extranjero, le echan por la borda sus planes iniciales y lo sumergen en una realidad nada halagüeña.  Con la ayuda de un pariente vinculado con el gobierno, consigue un préstamo que le permite explotar un bosque de caoba propiedad de su tío, pero la crecida de un río de trunca su proyecto al arrastrar la mayor parte de la madera a un pantano inextricable.  Continúa su batalla como lagartero y chiclero, viviendo todo tipo de peripecias hasta transformarse en un hombre rudo, duro y fuerte como el guayacán.  Todo termina con un final feliz, cuando al salvar la vida de dos norteamericanos extraviados en la selva, es favorecido por uno de ellos con un crédito blando que le permite materializar sus sueños.
Guayacán, una auténtica novela criollista, hace gala de un lenguaje manejado magistralmente por su autor Virgilio Rodríguez Macal, con el que se describen detalladamente los paisajes peteneros, se denuncia la problemática de un rico departamento olvidado por los gobiernos y se predice con gran premonición muchos de los alcances de ecocidio que ya en los años 50 daba algunas señales y que en los tiempos actuales es un hecho consumado.  Es notorio que el autor crea un personaje con el que se identifica.  Lo envuelve en un mundo de aventuras donde hay acción, pasión, romances y sobre todo peligro, hasta llegar incluso a convertirlo en el típico héroe justiciero de una película de acción, que se enfrenta exitosamente a los delincuentes y asesinos de Lacandones que saquean las riquezas de la selva petenera.
Siempre como expresión del Criollismo, Guayacán nos introduce dentro del marco de una tenaz lucha del hombre contra la naturaleza.  Como es natural en esta lucha suele desearse que el hombre salga victorioso, y si esto sucede hay felicidad manifiesta.  Sin embargo el personaje Valentín Ochaeta no muestra alegría sino pesar, cuando ve ceder ante el hacha y la sierra los centenarios árboles de caoba, pero sobre todo al ver la abundancia de lagartos muertos producto de su obra, no se siente precisamente ni orgulloso ni feliz.  Este singular detalle pone en evidencia los verdaderos sentimientos del autor con respecto a la Madre Naturaleza y sobre todo su profundo amor al Petén con todas sus maravillas.  Sus calidades de diplomático de carrera y escritor, así como el hecho vivir la mayor parte de su vida fuera de Guatemala, no fueron obstáculo para conocer al detalle este bello departamento y producir bajo su inspiración la mayor parte de su obra literaria.  Es Virgilio Rodríguez Macal uno de los grandes exponentes de Criollismo latinoamericano, que con su novela Guayacán se ubica a la altura de los más consagrados del continente.


*Clementino Solares; guatemalteco, lector consuetudinario, miembro asiduo del Vagón de Lectores y del equipo de redactores del blog de la Comunidad de Lectores







**Fotografía de portada de Guayacán, por cortesía de la biblioteca privada del periodista Mario Rivero

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