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Día del Popol Wuj, 3 continuación texto de Francisco Pérez de Antón

Traduttore, traditore
Pero voy con el mencionado error de traducción.

¿Cuál era la explicación, me preguntaba yo, de esa “venida del otro lado del mar”, como decían las traducciones anteriores del Popol Wuj, y que me tenía perplejo? Los clanes toltecas procedían, según sabemos, del Noroeste de México. Pero los textos de aquella gran marcha, de aquella migración masiva, no hablan de un viaje marítimo.
¿De qué litoral procedían entonces? ¿Cruzaron realmente el mar? ¿Desde Europa? ¿Desde Asia? ¿O ese mar era sólo una ensenada que, por sus grandes dimensiones, pudiera haberles parecido el océano? ¿Se referían a la Laguna de Términos, en el actual estado mexicano de Campeche, o a alguna entrada de agua, de las muchas existentes en esa zona del Golfo de México? Y si no habían cruzado el océano, ¿qué significado podía tener esa enigmática frase, según la cual los clanes toltecas venían “del otro lado del mar”?

No creo en los milagros, ni en interpretaciones miríficas y rocambolescas, como la que dio Ximénez al origen de los pueblos del Altiplano de Guatemala, pero tampoco era capaz de salir del laberinto en el que me había metido con el propósito de dilucidar este y otros pasajes del Popol Wuj.

Ignoraba yo que la respuesta estaba en la traducción y en la lingüística... y en el saber del doctor Sam Colop.

Un día le pregunté si las traducciones previas del Popol Wuj habían vertido defectuosamente al castellano la expresión “del otro lado del mar” y si la palabra mar, en la lengua k’iché, quería decir algo distinto a lo que la palabra mar implica en español, o si podía tener un significado distinto, como por ejemplo, masa o extensión de agua, y no océano.

La respuesta textual del doctor Sam Colop fue reveladora. El texto k’iche’, me dijo, habla de “el lado del mar” no “del otro lado del mar”. Y esta, cuando menos para mí, luminosa aclaración me permitió finalmente entender cómo fue el éxodo de los clanes toltecas hasta la tierra prometida por su oráculo.

Hoy sabemos que bajaron por la Costa del Golfo de México hasta la Laguna de Términos y que desde allí emprendieron el ascenso a Guatemala siguiendo las cuencas de los ríos Usumacinta y Grijalva hasta las alturas de Tacaná y las Verapaces. De resultas, la traducción más lógica de esa misteriosa frase del Popol Wuj que tanto ha confundido a los investigadores, debería referirse, no a los clanes que vinieron “del otro lado del mar”, sino “de la orilla del mar”, como ha traducido finalmente el doctor Sam Colop.

Tal es el enigma que se escondía en la primera página del Popol Wuj, merced a una mala traducción, y que esta nueva versión de la obra aclara hoy a sus lectores. Y me he atrevido a contarlo porque es un ejemplo que conozco bien. Por esto las traducciones previas de la obra tenían otros defectos y errores que el doctor Sam Colop ha venido a corregir ahora. Traduttore, traditore, dice el proverbio italiano (traductor, traidor), una maldición que pende sobre toda persona que se atreve a verter un texto escrito en un idioma a otro, sin tener los conocimientos lingüísticos y filológicos necesarios para atacar tal empresa.

Escuchar la poesía
Mi comentario a este Popol Wuj, por tanto, quedaría incompleto si no me refiriera, además de sus vericuetos históricos, a su aspecto literario. Y la razón estriba en que su traducción ha sido hecha, no sólo por un lingüista, sino por una persona interesada y especializada en el verso maya-quiché, virtud que sin duda permitirá al lector “escuchar” el ritmo del texto original y aproximarlo a su musicalidad nativa.

Me refiero a ese tono de salterio bíblico tan común en la literatura precolombina de Mesoamérica, a ese ritmo del libro de los Salmos que sitúa al amanuense original del Popol Wuj (o quizás deba decir al cantor) a la altura lírica de otros grandes poetas en otras lenguas y que nos revela que el arte literario es uno solo.

Pondré algunos ejemplos de esta cadencia y esta musicalidad del texto.

El primero tiene que ver con la creación del mundo. Y he aquí la traducción del doctor Sam Colop:

Todo está en suspenso,
todo está en reposo
en sosiego,
todo está en silencio,
todo está en murmullo
está vacía la bóveda del cielo

Esta figura literaria, en la que tiene lugar esa repetición de palabras dentro del poema, concatena y matiza la composición literaria y la dota de una intensa emoción y de una gran fuerza expresiva, debidas al ritmo que crea la insistencia.
Véase este otro ejemplo:

No había movimiento,
nada ocurría en el cielo.
No había nada que estuviese levantado,
sólo agua reposada,
sólo el mar apacible,
sólo reposaba la soledad.

Los poetas de todos los tiempos han utilizado con frecuencia el recurso de la anáfora, pues tal es el nombre de esta figura retórica, y de entre ellos, a modo de paralelismo, extraigo estos versos de Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura, en los que también una soledad cercana a la que describe el Popol Wuj se utiliza como recurso reiterativo para provocar una intensa emoción en el lector:

¿Soledad, y está el pájaro en el árbol?
¿Soledad, y está el agua en las orillas?
¿Soledad, y está el mundo con nosotros?
¿Soledad, y estás tú conmigo, solos?

Lo que indica que los ritmos y las figuras poéticas están dentro de nosotros, del ser humano de todas las culturas y los tiempos, no importando cuál sea la lengua en que se escriban. Y es una fortuna, como digo, que el doctor Sam Colop sea lingüista y escritor, pues eso le ha permitido verter al español una versión del Popol Wuj no sólo renovada y precisa, sino enriquecida con su métrica y sus ritmos originales.

Libro iniciático
Diré más. El Popol Wuj rebasa los usuales apelativos de libro sagrado o abuelo de la historia nacional de Guatemala. A mi juicio, es difícil no ver en el Popol Wuj, además de una etnografía mitificada, un libro iniciático y educativo repleto de enseñanzas de toda índole.

Cada cultura tiene sus imágenes privativas/, sus símbolos inconfundibles/, sus héroes peculiares/ y sus monstruos característicos. Pero detrás de esas particularidades palpitan los mismos sueños/, los mismos temores/, las mismas necesidades espirituales y síquicas de todo ser humano/, cualesquiera que hayan sido su patria, su lengua o su linaje. De ahí que no quiera concluir mis palabras sin hacer una invocación que me parece oportuna e importante.

Los mitos, como los héroes, no son inventos inútiles ni creaciones sin propósito, sino historias con mensajes válidos para las diferentes etapas de nuestra vida y los papeles que jugamos en cada una de ellas. Los héroes como Hunahpú e Ixbalanqué, y los mitos, como la victoria contra los señores de Xibalbá, no se fabrican. Son productos espontáneos de la sique y modelos de conducta que nos ayudan a enfrentar la vida/, a ser mejores personas/, a alcanzar el éxito o la felicidad/ y a servir a la mente infante de ejemplo para entender el mundo y empezar a relacionarse con él. Pues los mitos no son otra cosa que una dramatización simbólica de los problemas eternos del hombre.

El Popol Wuj, la obra más coherente y significativa de la mitología y la literatura prehispánicas, entra de lleno en este tipo de función cultural. Y cuando es leído con esta perspectiva, se nos revela como un manual educativo de primer orden que elucida las preguntas claves de la existencia.

He sostenido y sostengo que la singularidad del Popol Wuj reside en su ecumenismo y en que sus personajes y sus mitos concuerdan con el contenido universal y moral de la naturaleza humana que todas las culturas buscan difundir entre sus miembros más jóvenes.

Por todo ello es importantísimo que este texto se divulgue entre el público, se glose a los maestros y se les explique a los niños. Pues las verdades que encierran sus fábulas, así como la sencillez con que iluminan y enseñan las diferentes etapas de la experiencia humana, constituyen, a mi modo de ver, un libreto elemental de toda iniciación a la vida.


Sólo me resta dar la bienvenida a esta brillante traducción y edición del Popol Wuj y extender mi más cordial y efusiva felicitación a un hombre que, como el doctor Sam Colop, ha dedicado a ella su sabiduría, su arte y un esfuerzo digno del mayor encomio.

Tomado del sitio de la Universidad Francisco Marroquín. Gracias a la cual se puede apreciar la ceremonia total de presentación.
http://newmedia.ufm.edu/gsm/index.php/Presentaci%C3%B3n_del_libro_%22Popol_Wuj%22_Traducci%C3%B3n_al_espa%C3%B1ol_y_notas_de_Sam_Colop

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