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Día del Popol Wuj, 2 continuación texto de Fco. Pérez de Antón



Friso en bajo relieve de Cancuén.
...continuación

Del mar
El desliz se encuentra en la primera página del Popol Wuj, donde el amanuense o escriba maya-quiché se refiere a la venida a de las trece tribus o clanes, como yo prefiero llamarlos, que repoblaron hacia el siglo X de nuestra era el Altiplano de Guatemala, una migración masiva que describe el Memorial de Sololá, no menor a la del Éxodo hebreo, e integrada por k’ich’es, cakchiqueles, tz’utuhiles, tzotziles, rabinales, akahales, tucurúes y seis más.
El Popol Wuj responde, a mi juicio, entre otras muchas cosas, a inquietudes y preguntas tan elementales como quién somos, de dónde venimos y a dónde vamos después de morir. Y entre estas preguntas hay una, (de dónde venimos), a la que los diversos traductores del texto original darían una respuesta bastante peregrina que confunde por completo al lector que se acerca por primera vez al texto.

Lo más curioso de todo es que las versiones coinciden en su mayoría. Recinos, por ejemplo, traduce que los clanes vinieron: “del otro lado del mar”. La versión de Estrada Monroy afirma: “este libro sabemos que llegó de la otra parte del mar”. En la versión de Villacorta se lee “visión clara venida de la otra parte del mar”. Y la traducción de Miguel Ángel Asturias y González de Mendoza se refiere a “la llegada de ultramar” por parte de las tribus o clanes toltecas.

Otras versiones del libro dicen algo semejante, quizás influidas por la idea de que los pobladores y conquistadores del Altiplano de Guatemala habían venido del otro lado del Océano, opinión planteada por el primer traductor al español del texto, el dominico Francisco Ximénez, quien estaba convencido de que los indígenas del Altiplano de Guatemala eran descendientes de una de las tribus israelitas que seguían a Moisés, la cual se perdió en el Sinaí durante el éxodo hebreo. Esta tribu habría cruzado el Atlántico antes de 1492, según Ximénez, y se habría establecido en estas tierras. Y hoy es el día en que tal error se mantiene debido, en opinión de Carmack, al deseo de “cristianizar” este originalísimo texto prehispánico.

Para un hombre que no ha conocido otra explicación del origen del Universo que el que proporciona la cultura cristiana, el Popol Wuj no es sólo un texto inquietante, sino un shock cultural del que es difícil sobreponerse. Y eso fue lo que me ocurrió a mí en su día, hace 45 años, cuando lo leí por primera vez. La semejanza de algunas creencias cristianas, como el origen del mundo o la divinidad de Cristo, con los mitos de una cultura tan distinta como la maya-quiché, me planteó un grave conflicto espiritual, primero, y una terrible confusión, más tarde, de la que sólo pude librarme dedicando muchas horas a estudiar mitologías de los orígenes.

El motivo se debía a mi arraigado catolicismo y a la imposibilidad de contemplar otra vía de concebir los orígenes del hombre y el mundo que no fuera el del Génesis. Y sólo mi terquedad por poner en duda mis certezas me condujo a entender muchas cosas. Una fue el por qué el positivismo, la filosofía y el laicismo del siglo XIX llegaron a la conclusión de que las creencias que los cristianos mantienen como misterios o verdades incuestionables son sólo mitos o fábulas elevadas a la categoría de fuero religioso. La otra, que esta afirmación, ofensiva para el cristiano, como puede suponerse, no lo es menos para el hombre o la mujer de cultura maya-quiché cuando se le dice que sus creencias son puros mitos, opinión iniciada por Francisco Ximénez, el primer traductor del Popol Wuj y mantenida durante siglos por la Iglesia católica.

Esta reflexión, que sé bien puede levantar ampollas teológicas, me parece importante hacerla, pues la imprecisión o error del Popol Wuj que acabo de señalar sobre los orígenes de los pueblos del Altiplano de Guatemala, se convirtió con los siglos en una intencionada distorsión de la historia que nadie se atrevía a rectificar para no tener problemas con la Inquisición, por la misma razón que ni Miguel Ángel ni Rembrandt se atrevieron a quitarle al bueno de Moisés los cuernos,

Y así vino a suceder que el Popol Wuj pasó a ser durante siglos una obra descalificada y relegada a un segundo plano por tratarse de un suma de “vicios y desviaciones de los misterios cristianos”, como escribió Ximénez, quien, como tantos otros, pensaron que cristianizando el Popol Wuj se evitaba que la cosmovisión maya-quiché compitiera con la cristiana e impidiera que la nueva fe se impusiera sobre la que se guardaba en estas tierras.

...continua 

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