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Iniciando, el séptimo año de lectura.

En la formación institucional de la Comunidad de Lectores, tuvimos en cuenta como valor fundacional y de objetivo. Ser promotores en la creación de espacios propicios como puntos de encuentro para la discusión, que coadyuven a brindar nuevos puntos de referencia y de esclarecimiento, a fin de que puedan servir en la formación en el criterio de los lectores. Como parte de ello, hemos invitado en diversas ocasiones a participar activa y directamente a varios escritores e intelectuales, teniendo la buena fortuna que nos hayan correspondido, aportando sus conocimientos y experiencias en el proceso literario y social. 
Como también, dentro de nuestras tradiciones de inicio de temporada, el de poder contar con una actividad de prologo, sirviendonos para este nuevo ciclo, de la celebre ponencia del Dr. Mario Roberto Morales. "El Intelicido, ilustración y cultura letrada. Y, como un anticipo de ello, el articulo que presentamos a continuación.


Un mundo de Ilusiones.


Después de más de medio siglo de sistemático intelicidio masivo por medio de la inducida adicción al  consumo  compulsivo  de  imágenes  y  sonidos  de  “contestatario”  contenido  banal  (desde  el Rebelde sin causa, de James Dean hasta Sheldon, habiendo pasado por Elvis Presley, el rock, el punk, el rap y toda forma de “contracultura”), y después de que la adhesión hedonista a la “rebeldía” –entendida ésta como un amplio abanico de consumos “alternativos” y “transgresores” ligados a mediáticas modas juveniles de “ruptura”– ha parido legiones de “revolucionarios” con el trasero pegado a un escritorio y la mirada fija en el narcisismo interconectado en redes sociales, es necesario –para quienes entienden la necesidad de un cambio en las correlaciones de poder en el mundo del futuro inmediato– forjar un nuevo sujeto popular consciente, crítico y comprometido con la especie humana, cuya esencia social es libre y creadora y, por ello, la única capacitada para hacer cambios materiales a su favor.


No digo con esto que todos los productos de la industria cultural sean despreciables. Los hay críticos. Digo que la mayoría de contenidos del código audiovisual –que ha sustituido al código letrado en millones de mentes por varias generaciones– contribuyen al intelicidio global que los medios masivos perpetran al sustituir el pensamiento crítico por la banalidad instantánea del fragmento inconexo para consumo hedonista, y al promover la absurda idea de que las redes sociales “democratizan” (y no banalizan) la comunicación, así como el perverso espejismo de que en las redes todos somos iguales y tenemos el mismo derecho moral a opinar –narcisista y erráticamente– que el que tiene quien con pensamiento crítico hace análisis concretos de la situación concreta. En otras palabras, y parafraseando a Umberto Eco, el idiota del pueblo dejó de ser una excepción para convertirse (oh, intelicidio) en sujeto global. Tal engaño planetario es –en lo  espiritual  e  ideológico–  el  acto  más  cruel  que  el  capitalismo  corporativo  transnacional  ha perpetrado  sobre  la  humanidad  desde  el  bullying  de  Hiroshima  y  Nagasaki  (para  aplacar  la rebelión de los países víctimas del saqueo legalizado haciendo que sus juventudes buscaran el acomodamiento, el alineamiento, el seguidismo y el estilo de vida conservador) y, después, del miedo instaurado por la químicamente inventada enfermedad del sida (para reprimir la sexualidad libre de las juventudes de la era Reagan, que estaba dando al traste con el matrimonio y la familia tradicionales y, en consecuencia, con el más abarcador control poblacional religioso de familias y no de individuos).


Con una humanidad poblada por sujetos light que ilusoriamente creen ser libres y tomadores de decisiones por su cuenta (cuando en realidad extraen sus criterios de los mensajes de los medios audiovisuales),  el  pensamiento  crítico  agoniza.  Porque  creer  que  la  entretención  audiovisual compulsiva y banal y las redes sociales constituyen la gran democratización de la comunicación en el siglo XXI, es expresar el “criterio” de una víctima (agradecida, además) del intelicidio. O sea, de un miembro de la especie que ha sepultado su esencia libre y creadora echándole encima un mundo de ilusiones virtuales que lo hacen soñar despierto. Bastaría con que Narciso dejara de hacerse selfies de su ombligo por un instante –y le diera un vistazo a la geopolítica global– para que despertara de su ensueño.

Tomado de la columna del periódico del 16 de diciembre de 2015; 
http://elperiodico.com.gt/2015/12/16/opinion/un-mundo-de-ilusiones/


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