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¿Por qué deben leer los niños?

¿Es importante tener un buen nivel de lectura para sacar buenas notas y, posteriormente, tener un buen desempeño laboral? Al parecer no hay ninguna duda sobre eso, pero lo que ahora ha empezado a llamar la atención en las escuelas estadounidenses es la necesidad de entender la lectura como algo más que un medio para un fin práctico.


En 2005,  el entonces senador Barack Obama dijo en un discurso a la Asociación Americana de Bibliotecas que “el tipo de alfabetización necesario para los empleados en el siglo XXI requiere de un entendimiento detallado y una comprensión compleja”. Para Jeffrey Wilhelm y Michael Smith, autores del estudio Reading Unbound: Why Kids Need to Read What They Want-and Why We Should Let Them, lo que hace falta en el desarrollo de la lectura es que  en las discusiones de lectura se trascienda el tema de la aplicación utilitaria y se empiece a considerar el placer que deriva del acto de leer. Según el estudio que realizaron sobre la vida de lectores, con estudiantes de octavo grado, los jóvenes lectores estaban muy conscientes de porqué leen y qué leen.

Entre las razones principales que argumentaron los jóvenes figuran el placer de adentrarse a un mundo de fantasía, hasta el punto que los personajes se hacen cada vez más reales para ellos. A partir de este nivel de lectura se produce un fenómeno interesante en el que los lectores se nutren de sus lecturas para descubrir qué tipo de personas quieren ser. Según el investigador jungueano Robert Johnson, este tipo de trabajo interior es “el esfuerzo por el cual logramos percibir las capas profundas de la consciencia en nosotros y nos mueven a la integración total del yo”.

También surgieron otras fuentes motivacionales como el placer intelectual, que consiste en conectar las ideas de un texto para dar, finalmente, con una pieza final. Por otro lado, uno de los placeres que acompaña a la lectura es el espacio social que les abre, tomando por ejemplo el efecto del fenómeno Harry Potter. Muchos jóvenes han crecido compartiendo impresiones, hablando sobre los personajes y las historias, trascendiendo el placer personal hasta hacerse una experiencia de grupo.


Wilhelm y Smith aconsejan que los estudiantes tengan oportunidades regulares para escoger los libros que van a leer, recomendándole a los profesores que se encarguen de acercarlos a libros que podrían no escoger por cuenta propia. Además, afirman que los profesores deben considerar hacer de los placeres de la lectura una parte central en la educación y esto lo pueden conseguir dejando de privilegiar los fines intelectuales de la lectura por encima de los demás placeres que la acompañan. Citan un estudio anterior que comenzó en el Reino Unido en 1970, en el que se ha seguido la vida de 17.000 personas, el cual ha descubierto que quienes desarrollaron gusto por la lectura fuera de los salones de clase han tenido mayores logros académicos y más movilidad social, todo debido a que esta conducta “aumenta el proceso cognitivo con el tiempo”.




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