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Fomentar la lectura


Hoy 8 de septiembre conmemorando el 

Día Internacional de la Alfabetización


Por: Rigoberto Martínez

En una sociedad en la que según las frías estadísticas, se lee poco, nada o casi nada, parecería una tarea más que titánica encontrar a un lector. En la Comunidad de Lectores nos reunimos cada quince días para comentar y expresar nuestras impresiones sobre el libro que por decisión de la mayoría de los miembros elegimos leer. La intención es que leamos por el placer de leer, esa lectura en la que nos transportamos al imaginario que el autor en turno nos ofrece a través de ser obra. Se comenta el libro sin pretensiones de poseer una vasta cultura general. El único requisito para participar en nuestras reuniones es tener la buena voluntad de acercarse, aún sin haber leído la obra, con la libertad de hacer comentarios si así lo desea. Así ya no resulta tan titánico el asunto.

Durante nuestra estancia en Centro Cultural de España y en FLACSO se implementó exitosamente el Círculo Familiar de Lectura. Los participantes que así lo dispusieron llevaron a sus hijos quienes participaron leyendo material de acuerdo a su edad. Estos talleres de lectura para niños fueron creados y coordinados por la compañera Banessa Echeverría, poseedora de una gran capacidad y talento para trabajar eficazmente con niños.

El placer de leer es aprendido al calor del afecto con que los padres leen historias a sus hijos antes de dormir, estimulando su fértil imaginación. Los niños al experimentar y compartir con sus padres el entusiasmo por la lectura arraigan en lo profundo de sus mentes el placer de leer.

En la infancia se adquieren hábitos que se imprimen con tal fuerza en el subconsciente, que darán buenos o malos frutos en el transcurso de la vida del infante. La lectura es un hábito, que le permitirá al joven lector la adquisición de ideas, conceptos, que le permitirán reflexionar con bases bien fundamentadas que le pueden facilitar la vida, gracias al conocimiento adquirido por medio de la lectura.

La lectura forma personas más inteligentes, y a más inteligencia más aptitud para desenvolverse eficazmente en una sociedad en la que el listo, el astuto y el taimado imponen su ley. Ser listo, astuto y taimado no es sinónimo de inteligencia. La persona inteligente piensa, planifica y actúa de manera que a corto, mediano y largo plazo, sus acciones son beneficiosas para todos los involucrados. El listo, el astuto y el taimado vive en la inmediatez. Sus acciones le procuran beneficios momentáneos, porque al engañar para conseguir sus propósitos causa daño a los demás y posteriormente las consecuencias de sus actos forzosamente son negativos y en su contra.

La lectura tiene una faceta utilitarista y práctica, una puerta de acceso al conocimiento y la información. Pero también tenemos que hablar de la lectura como fuente directa de placer y enriquecimiento personal, en el plano de las emociones, la recreación imaginativa y la ampliación del horizonte intelectual, la faceta que rompe estereotipos, intimista y catártica. Al iniciar a los niños en la lectura, es necesario establecer un diálogo espontáneo y natural, eliminando la pose de la autoridad. Que el niño se sienta protagonista y que tenga las riendas del acto lector, no puede seguir siendo un agente pasivo que se mueve según las disposiciones de sus padres o profesores.

El placer de leer no es natural, pero si la necesidad de soñar e imaginar. Animar a los niños a la lectura, es invitarlos a experimentar toda la magia de las emociones, la fascinación y la pasión que anidan en las palabras escritas para conmover, enseñar, descubrir el mundo y para entender al hombre.

¿Qué podría motivar a los niños a encontrarse con los libros? Definitivamente no las estrategias académicas y obligatorias. Lo que engancha es el “clima”, el ambiente favorecedor relajado, cálido, lleno de lectura gozosa y sin pedir nada a cambio: resúmenes, trabajos, fichas, etc. Los impacta el entusiasmo con que sus mayores comparten sus lecturas, sus dudas y sus propias limitaciones y una hermosa historia.

Fomentar el hábito de la lectura, implica revestir la didáctica de la lectura con la emoción, la creatividad y la pasión por la lectura del padre o del maestro. Mientras este no tiemble de emoción con sus propias lecturas y sienta la necesidad de contagiar el gusto por leer a sus alumnos, no habrá mayores progresos en ese campo.

Es importante que en los centros educativos, aquellos profesores o profesoras apasionados a la lectura eviten la preocupación y la obsesión por cazar adictos a la causa lectora. La preocupación encierra connotaciones fundamentalistas: ¡Lees es maravilloso y todos tenemos que disfrutar de la lectura! Esta afirmación aleja a aquellos niños que no son capaces de enamorarse de la lectura y se sienten discriminados. No existe ningún placer específico considerado como tal por todos los mortales. ¿Nos gusta a todos Sandra Bullok? ¿A todas les seduce Richard Gere? ¿Una puesta de sol es sublime o es cosa de sensibleros?

No todo el mundo puede ser apasionado de la lectura. La presión provoca ansiedad y frustración en los niños y se disuelve el potencial para la lectura. Leer  no siempre es un acto intelectual placentero. Puede llegar a serlo, pero no siempre lo es, especialmente, cuando el acto de leer se impone nada más que con fines de estudio, de memorización o de pruebas educativas y por consiguiente desencadena desagrado, odio a la lectura y del alejamiento definitivo de los libros. Lo importante es crear un clima de informalidad, lúdico que demuestre que somos los primeros apasionados de la lectura libre, espontánea y recreativa.

¿Para qué sirve leer?

Esta pregunta se la hacen personas de contextos socioculturales desfavorecidos. Algunas personas presumen de haber alcanzado riquezas personales y éxitos sociales sin haber tenido que estudiar nada. Llevan una vida ajena a la riqueza espiritual que posee la literatura y de los beneficios que aporta a cada persona las lecturas que vaya acumulando en su vida. Leer es un arte y como tal tiene que ejercitarse para ir consiguiendo maestría gradualmente, conforme la persona va adquiriendo experiencia de vida. Leer y adquirir el hábito de la lectura no es algo fácil ya que se trata de una actividad trabajosa, muy activa porque el que lee tiene que estar concentrado, atento, poner su tiempo su imaginación y sus conocimientos al servicio de la lectura.

Hay que vencer la pereza y las distracciones de tantos y tantos medios audiovisuales. Hay otros enemigos de la lectura como la vida que llevan algunos niños, el estrés y el ritmo acelerado que se le impone a la infancia. Frente a todo eso, se tienen a disposición como contrapeso el poder de la imaginación, de la fantasía y de la creatividad de los niños, que si sabe aprovechar, el niño se acercará a la lectura, a los libros como medios que le proporcionarán grandes satisfacciones y entretenimientos. Saber leer puede servir para prevenir riesgos y peligros graves para la salud y para la vida.

El que no sabe leer es esclavo de la lengua oral, de lo que oye, de lo que le dicen; carece por tanto del medio más amplio y potente para indagar y adquirir información por sí mismo.

La lectura es el mejor medio para cultivarse, para acceder a la cultura y al conocimiento del mundo y de la historia de los hombres. Leer puede llegar a ser, para quien de verdad se lo proponga, un modo extraordinario de distracción de descanso y de disfrute.

Es por eso que cada quince días nos reunimos, porque sí, disfrutamos enormemente compartir y escuchas sobre lo que leemos. En la Comunidad de Lectores nos encanta promover estos espacios porque estamos convencidos que de esa forma también fomentamos el gusto genuino por la lectura. Ahí vamos.

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