Los sueños al cielo, el Maestro a los cimientos






















"Las palabras del bebé se han organizado, 
han crecido y forman conjuntos que no sólo le dan nombre a las cosas materiales, 
sino también al pensamiento organizado. Entonces aparecen las ideologías. 
Pero también se le ponen nombre a la imaginación, a los sueños, 
a la reinvención del mundo, y estos a su vez, 
adquieren nombre: poemas, poesía, leyenda, relatos, cuento 
que se confluyen, se desarrollan 
y con el tiempo forman legajos que explican al hombre su origen"


"Viaje hacia la noche"
Marco Antonio Flores

Por: Bansessa Echeverría

Un bebé depende enteramente de los adultos a su alrededor, siendo estos los que poseen la cercanía para formarlo con una estimulación temprana que despierte sus sentidos y su motricidad, para luego dejar esta labor de formación a otros adultos ajenos a su círculo familiar que desarrolle sus capacidades, habilidades y destrezas, a un individuo que guste de hacer de él un mejor ser humano del que ya es.

El gusto por lo por formar a los niños hace que el trabajo deje de serlo, para convertirse en una pasión, algo más sublime y satisfactorio, dándole un plus a los resultados que puedan obtenerse en el proceso de enseñanza – aprendizaje. De ahí que una de las labores más nobles y abnegadas sea la de educar, pues implica la integralidad de varias esferas del conocimiento que va desde lo académico hasta el desarrollo de las emociones, para nutrir las relaciones interpersonales e intrapersonales de un niño. 

El Maestro ha de educar con amor y respeto para criar seres humanos conscientes de su valor y potencial, con la firmeza y disciplina necesarias para hacerle frente a este mundo globalizado, en el que ha ido en detrimento el valor del individuo, rindiendo un culto hedonista a la imagen superficial y pasajera que premia el egocentrismo.

El digno maestro comprende que no solamente enseña sino que también aprende de sus discípulos, sabe que la tolerancia es su compañera para aceptar la relación sana con el pensamiento ajeno, que el saber no se impone. El digno maestro siembra la pasión por el saber, es el que cuando abraza a un niño abraza también su alma, es el que se convierte en padre, madre, psicólogo, compañero, amigo, enfermero, doctor, dentista, cocinero, en fin… se convierte en muchos en un mismo cuerpo material, pero conserva solamente un alma para educar.

El Maestro juega el papel de crítico de las circunstancias y peripecias sociales, de las estructuras y dinámica de una sociedad desigual y fragmentada, su labor se sustenta en ser un agente multiplicador de una visión que construya un Estado más justo e incluyente; un Maestro que se haga digno de su título por vocación y por convicción, le muestra a sus estudiantes que es necesario formarse académicamente y participar de la vida ciudadana para generar planteamientos científicos que se basen en la evidencia y puedan generar cambios para la construcción de un mejor país, darles a los niños que se van convirtiendo en jóvenes, el conocimiento de sí mismos, lo suficiente para hacer valer su dignidad de seres humanos, así como su derecho de pronunciarse y cuestionar con razones y fundamentos, teniendo además capacidad para ser proactivos, que puedan hacer crítica y propuesta, que generen dialéctica desde sus espacios de participación, que sean más allá de replicar un conocimiento establecido. 

Que vean en los libros sus mejores amigos. Quien ve en un libro lo que para otros pasa desapercibido ha tenido un maestro que llegó a casa, continúo calificando tareas, trabajos, ejercicios, poniendo planas, buscando materiales atractivos y adecuados para sus pupilos. Que fue más allá de “cumplir con su jornada laboral”, lo que muchas veces pasó desapercibido para la comunidad educativa e incluso para sus mismos estudiantes; pero que hoy, en lo alto que alguien se encuentre viendo sus sueños realizarse rápida o paulatinamente, sabe que ha tenido que se preocupó por formarlo de manera integral, que dejó la semilla para que  viese en los libros, mundos pasados, para que hoy construya presentes y luego piense en futuros.

Un maestro que enseña es aquel que vive, que se esfuerza constantemente pero que también se da tiempo para descansar y disfrutar de los momentos irrepetibles de la vida, un maestro enseña desde su equilibrio con las fuerzas cósmicas de sus raíces, un maestro enseña con pasión lo que le apasiona, juega, ríe y también llora. Un maestro no es una máquina que genera productos, un maestro es un ser humano que finalmente enseña a otro ser humano a vivir de una manera diferente, tu maestro…

"no será tu maestro aquel a quien escuches, sino aquel de quien aprendas;
ni lo será aquel que te dé explicaciones, sino aquel que deje en tu corazón huellas de su enseñanza”

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