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Reflexiones entre líneas por el día del Libro...


A todos los amigos. Escritores, autores, lectores y todos aquellos generadores de cultura y de esperanza. 


Con el advenimiento del soporte digital y de todos los artilugios correspondientes del llamado libro electrónico; pareciera que hubiera llegado el final tan anunciado del libro clásico. Que, quizá, será condenado al más oscuro ostracismo y olvido como una pieza adicional del museo de la lectura; como objeto anacrónico, condensador de hojas, impregnadas de tinta, a veces con sudor, con llanto y quizá también de sangre.

Ese conjurador de palabras e ideas que proveyó durante siglos de material para edificar en buena parte los pilares de las civilizaciones modernas y que todavía continua irradiando sus efectos, considerados por algunos como altamente perniciosos, dañinos para la mente, con efectos retroactivos, proyectivos e hiperactivos para la memoria e imaginación.

El mismo que es capaz de despertar y crear conciencias al confrontarlas con la realidad; del que su continuo hábito puede crear independencia de pensamiento, dependencia y ansías de libertad o, de generar, otros hábitos similares e igualmente inconvenientes, social e incorrectamente políticos. 

Catalogado como peligrosa arma de carácter subversivo, de posible uso para la instrucción masiva de la población, esto sumamente peligroso para el pensamiento aún vigente y predominante de confrontación derivado de la llamada “Guerra gélida” y de todas sus nefastas secuelas vividas con total ardor en nuestras tierras. 

Victima de ello y del escarnio público, pagando la purga y expiación en sacrosanta hoguera en el Parque Central, a la que fuera condenado en una ocasión por formar parte de antojadizos “codex proscritos” por los detentadores del poder de turno y sus celosos cancerberos; soterrado y/o abandonado a su suerte en basureros de todo tipo; cementerios clandestinos improvisados por el miedo a la muerte prematura, abono orgánico que germinó en nuevos y distintos brotes de vida y cuando no en material de reciclaje.

A lo usualmente acostumbrado en nuestro medio; es decir abandonado y olvidado en estanterías oxidadas, corroídas a merced de indolentes burócratas y de diversos bichos y plagas, entre las más dañinas y letales. La miseria e ignorancia revestida de analfabetismo funcional con aval oficial.

Asimismo, dada su versatilidad para servir de accesorio o adminículo complementario ideal, que puede resultar ampliamente práctico para la imagen de todo aquel que desea proyectarse, cautivar audiencias o mercados objetivos. 

Desde el snob aspirante como al ya miembro de la rancia aristocracia criolla, al wanabe con pretensiones pseudo-intelectuales; al fanático religioso creyente, practicante de ritos y de pensamientos medievales retrógrados; al pseudo-político en todas sus variantes que van desde el autoritario, el merolico, el demagogo, el retórico, el caudillista y populista. En sí, a todos estos que comparten las tendencias pueriles, banales, ampulosas, inquisidoras y moralistas; incluyendo los extremos fascistoides. Y, que necesitan un vademécum adecuado que pueda servirles de consulta inmediata y apoyo; a la precariedad, la escasez de pensamiento e insuficiencia formativa y argumentativa. 

En este medio, es bien sabido que el libro es un objeto de culto; de esa cuenta es que suelen exhibirlo en suntuosos estantes o pasearse con el bajo el brazo luciendo el último gadget de moda; esperando que por acción de ósmosis u otro tipo de conexión o acción puedan acceder y dominar sus contenidos.

Como, también degradado a material de consumo masivo no-popular, de mercados cautivos; intentando cubrir en el pliegue de sus hojas la acostumbrada mediocridad, ineptitud e impunidad, con el pago de favores y prebendas propias de viejas costumbres, de las cofradías aposentadas en los diferentes ramales del poder no escapando de ellas, las de la cultura. Mercaderes, dilatorios burócratas y comparsas que se congregan por lo menos una vez al año; en liquidaciones de saldos para proclamar cual buenos merolicos, el tema de turno o de moda que les sea implantado o dictado, y así también satisfacer esos afanes de protagonismo. Pero siempre expectantes a la dispendiosa y acostumbrada gratificación o recompensa por representar su triste papel.

Quizá con el advenimiento de todas las nuevas tecnologías, pero básicamente con el establecimiento de una verdadera democracia participativa y funcional, la apertura de nuevos y verdaderos espacios socio-culturales; puntos de encuentro que satisfagan la necesidad de validación, de trascendencia, el de contar con un espejo real en que se puedan proyectar y reflejar todas las ansías latentes, las aristas, todas las luces y sombras del ser humano. Podamos entonces doblar o correr página para poder seguir o celebrar adecuadamente. “De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Solo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria” Jorge Luis Borges.

Óscar Gatica
Comunidad de Lectores

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