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"El viejo y el mar", la genial obra de Hemingway, cumple 50 años

Tomado de la Nación.com

"El viejo y el mar", el gran relato metafórico que Ernest Hemingway creó en 1952, celebra el medio siglo de edición. Mañana se cumplen 50 años desde que la desaparecida revista norteamericana Life 
publicó la obra en una única entrega y vendió más de cinco millones de ejemplares en apenas dos días. Life le pagó un dólar y diez centavos por cada palabra del manuscrito.

La semilla de la novela de 27.000 palabras -considerada por la crítica como la mejor obra de Hemingway- fue una crónica de 200 palabras, que el autor escribió en 1936, sobre un pescador cubano de carne y hueso. 

Para Hemingway, que se suicidó en 1961, significó su salto al olimpo universal de los grandes escritores. En 1953 ganó el Premio Pulitzer y en 1954, con el talismán de "El viejo y el mar", se alzó con el Nobel de Literatura. 

En 1958, la exitosa novela fue catapultada al celuloide, en una película dirigida por John Sturges y protagonizada por el inolvidable Spencer Tracy. En 1990, Jud Taylor realizó un film para la TV con el protagónico del extraordinario Anthony Quinn. 

"El viejo y el mar" sigue siendo, para muchos lectores en el mundo, la puerta de entrada a la obra de Hemingway.


UN TALISMÁN
La atrapante historia del viejo Santiago, un pescador que pasa 84 días sin capturar un pez y que  
ansía volver a la costa con la presa que toda su vida anheló conquistar, abrevó en tres modelos reales que Hemingway conoció en Cuba. Pero fue Gregorio Fuentes, el timonel de su barco Pilar, el testigo que vivió lo suficiente para contar la historia detrás de la novela.

Fuentes murió a los 104 años, en enero de este año, en la aldea cubana de Cojimar, de la que 
Hemingway se sentía "ciudadano". El rompecabezas del solitario protagonista de ficción también se nutrió de otros dos pescadores: Carlos Gutiérrez, primer timonel del Pilar, y Anselmo Hernández, que le dio a Hemingway el valioso testimonio de su pesca de un gran pez y su dura lucha por capturarlo. 
Días después de que Life lanzó a Hemingway y a su novela a la fama, la editorial Scribner publicó una edición de "El viejo y el mar". Ese día tuvo que disponer una segunda tirada por la impresionante acogida del libro. Poco después fue premiado por el Club del Libro del Mes.



Los críticos lo calificaron como "un texto destinado a graduarse entre los clásicos de la literatura norteamericana". Con motivo del 50° aniversario del libro, algunos especialistas recuerdan esta semana el comentario de William Faulkner sobre que Hemingway, con esta novela, "había encontrado a Dios".

Cuando la revista cubana Bohemia le ofreció 5000 dólares por su edición en español, Hemingway  
puso como condición que el dinero se empleara en comprar televisores y otros artefactos para los enfermos del leprosario de El Rincón, en las afueras de La Habana.


De "El viejo y el mar" se ha dicho que es "una reflexión sobre si en la vida vale la pena luchar por el gran pez ". Es una historia verosímil, dramática, tensa y viva que ha sido definida como "un viaje espiritual interno".

Para Hemingway, no había en ella ningún simbolismo, sino el deseo de escribir una historia real sobre 
un viejo real, un mar real y tiburones reales. "Cuando se escribe bien y con sinceridad de una cosa, eso significa después otras muchas cosas", dijo el autor hace medio siglo.

Hemingway quedó atrapado por la verosimilitud de su creación y lo dejó escrito: "Cada vez que lo leo, 
siento las mismas cosas que he sentido antes".


FRAGMENTOS DE LA HISTORIA
“Soy un hombre viejo y cansado. Pero he matado a este pez que es mi hermano y ahora tengo que 
terminar la faena –dijo–. Sujetó al pez [...] era como amarrar un bote mucho más grande al costado del suyo [...] El tiburón no era un accidente. Había surgido de la profundidad cuando la nube oscura de la sangre se había dispersado en el mar a una milla de profundidad. Había surgido tan rápidamente y tan sin cuidado que rompió la superficie del agua azul [...] Cuando el viejo lo vio venir se dio cuenta de que era un tiburón que no tenía ningún miedo y que haría exactamente lo que quisiera [...] El viejo tenía ahora la cabeza despejada y estaba lleno de decisión, pero no abrigaba mucha esperanza [...] “El hombre no está hecho para la derrota –dijo–. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”. .

Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION

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