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Natalicio de Asturias: 19 de octubre de 1,899

Aniversario de Asturias, en una reunión de lectores ¡Que aburrido! Por Oscar H. Gatica

Nos contaron que Miguel Ángel Asturias estaría por cumplir años y por ello fuimos a buscarlo alrededor de las nueve de la mañana en su alma mater de la Facultad de Derecho. No lo hallamos; quizás, no sabíamos a quién buscábamos en realidad. Eso sí, rápido nos pusieron al día contándonos de sus andanzas y de sus dichosas juntas con Alfredo Valle Calvo, David Vela, José Luis Barcárcel, parece que andaban en eso, de estar escribiendo babosadas en contra del régimen. Imagínense, a estos, en lugar de aprovechar el tiempo y ponerse a estudiar y todo por esa dichosa cosa que se les había dado por realizar una tal “Huelga de Dolores” (1922). Y es que no aprenden, no están viendo que ya habían matado a un patojo por eso, a un tal Bernardo Lemús (1903); y todo por andar metido en babosadas. Quizás en un futuro los estudiantes no tengan que andar perdiendo el tiempo y sacrificando sus vidas en… “mi patria, viva en la sangre de sus estudiantes-héroes, sus campesinos-mártires, sus trabajadores sacrificados y su pueblo en lucha”

Alguien sugirió, que a lo mejor podríamos hallarlo en la tradicional costumbre de la tertulia chapina, quedando para ello, ir allá, por la calle de la Fortuna y de la Asamblea. Así que fuimos a la Casa Ibargüen, y allí de nuevo, como buenos chapines, siguió la peladera de la vida y milagros del susodicho. Nos contaron que anduvo en eso de haber fundado la Universidad Popular, que lamentablemente fue diputado de la Asamblea (oficio ya de dudosa redi-putación, desde esa época) en el régimen del nuevo “Señor Presidente”. También que fuera pionero del cuarto poder, al introducir la innovación del radioperiódico. “En Guatemala, flor de pascua en la cintura de América”.

Seguimos durante lo que quedaba de la mañana, en la búsqueda de ése Asturias, el accesible a su pueblo, el de las frases chapinas y sus leyendas que tomaron sitio en el lenguaje universal al emprendimiento del vuelo de “sus largas y verdes, verdes, verdes, verdes, verdes, verdes, verdes, verdes, plumas”. Agradecidos de ello, de dotarnos de un espejo no solo para la mulata, un espejo en donde tal cual somos, podamos atisbar en un momento las virtudes y ¿por qué, no? nuestros defectos, los de todos nosotros como pueblo y quizás el advertirnos del evitar caer en el muladar empantanado de falsos espejismos de aguas contaminadas en pro de un falso desarrollo.

Así transcurrida la mañana en los corredores de la antañona casa que cobra vida, en la algarabía del alegre retozar de los niños, las notas perdidas y coladas en el entreabrir de sus puertas en donde se ensayan las melodías que van tomando forma, en el eco de los pasos perdidos del rítmico andar de bailarines, y el de los presurosos a tomar lección en sus salones. En el concíabulo que convocamos y se formó; que rompe una vez más: los esquemas, las brechas del espacio tiempo, entre el autor, el lector y su obra, los puentes intergeneracionales, (puntos de encuentro para sociabilización a través de diálogos transversos e ínter-académicos, dicen los entendidos), para nosotros, los espacios de convivencia que nos afirman como humanos. En fin todo aquello que quizás definen de mejor forma, los encuentros de nuestras respectivas sectas de lectores. Algunos, ¡cuándo no! propusieron seguir en la búsqueda de Asturias, conjurándolo …¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Siguiendo con ello, la atávica formula chapina desarrollada en torno a una mesa con bebidas espirituosas.

Se dice que el Gran Moyas yace en el cementerio de Pere Lachaise, en París, Francia. Gracias a eso, llamado literatura. Quizás solo descansa, expectante, indignado. Tal y como lo sentenciara. “Los ojos de los enterrados se cerrarán juntos el día de la justicia, o no se cerrarán”. Quizás se despierte el día de su natalicio. Jovial, conforme y fiel a sus hábitos, nos invite a cantar con los sentimientos cruzados las certeras frases de La Chalana, que nos insta a seguir celebrando la vida… que es vida, a pesar de todo.

La rotunda inmensidad de su notable obra, la del hombre y su época, hace que el pretender abarcar el universo de ello desborde los espacios a que nos regimos y no por ello, no sea necesario el realizar estos ejercicios de lectores. Se dice que el mejor homenaje a un autor, es el leer su obra: en este caso, más que necesario para todos nosotros, para descubrirnos en el reflejo persistente y siempre actual de ella. Valga pues, este sencillo homenaje de un pequeño grupo en el universo y concierto mundial de sus lectores.

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