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LA EMOCIONANTE AVENTURA DE LEER

Por Rigoberto Martínez

En la actualidad, el dominio del lenguaje hablado y escrito es muy importante. Estamos construidos de palabras; una porción considerable de nuestra conciencia está hecha de palabras. Nuestros aprendizajes fundamentales, nuestras creencias, nuestras ideologías son palabras. El manejo de las palabras es una necesidad primordial en cualquier persona. Cuando hablo de palabras pienso en el lenguaje hablado y escuchado y, por otro lado, en lenguaje escrito y leído. 

Es evidente que el sistema educativo a través de los siglos no ha conseguido formar lectores. Métodos de enseñanza-aprendizaje inadecuados, memorísticos, bancarios (acumular datos) y autoritarios. Así, el aprendizaje escolar ha dejado en la memoria del niño experiencias de fatigosos esfuerzos, castigo y frustración. Desde el siglo XI de nuestra era hasta principios del siglo XXI, se ha avanzado muy poco en encontrar métodos eficaces en la enseñanza de la lectura y escritura. 

Quien sabe leer bien está capacitado para autoeducarse. Hay diferencia entre estar alfabetizado y ser lector. Quien está alfabetizado es una persona que se sirve del lenguaje escrito con fines utilitarios. Esté estudiando o esté trabajando, puede ser alguien muy próspero, puede ser un funcionario de Estado, puede ser un profesionista exitoso. Si para él, el lenguaje escrito es solo un instrumento de trabajo, esa persona no ha rebasado el nivel de alfabetizado. 

Es lector quien llega al lenguaje escrito, y este le produce un vivo interés; se deja atrapar por el texto. La persona se encuentra completamente absorta en la lectura y ésta es para su propio placer y disfrute, durante el cual el tiempo vuela y experimenta una enorme satisfacción, bienestar y felicidad. Normalmente lo hace todos los días. Ha descubierto que leer quiere decir, formar, construir un sentido con un texto. Puede servirse del lenguaje escrito cuando quiere y puede escribir. 

Una característica que tiene un lector es que disfruta gastando en libros. La gente a la que le duele gastar en libros no es lectora. Leer, sin sentir que se mueven tus pasiones, leer sin sentir miedo, sin sentir alegría, sin reírte a veces, sin que se te escurra una lágrima es una operación inútil, una operación que no tiene sentido y por lo tanto se rechaza. Henry Miller, autor norteamericano que escribió la novela “Trópico de cáncer” dijo en una entrevista que él no leía para informarse ni para aprender. Buscaba leer una novela que lo sacara de su realidad, que lo hiciera entrar en un estado de embelesamiento, de arrobamiento.

Hay muchas maneras de experimentar el éxtasis, la lectura es una de ellas. Acércate al círculo de lectores y experimentarás el agrado de navegar por el universo de la metáfora, el símil y el relato que forman parte de la novela, el cuento y la poesía. Tu imaginación se enriquecerá y se expandirá. Muchas personas han descubierto en su interior al escritor que estaba dormido y que se despertó con el estímulo de las lecturas leídas. 

En el círculo de lectores, hacemos nuestro el lema de las jornadas de Paris en 1968: “La imaginación al poder”. La literatura de ficción suelta las amarras de la imaginación y la creatividad y nos conecta con el universo simbólico que trascienda lo racional. La vida en sus aspectos más esenciales es incomprensible para la mente lógica. Una emoción intensa, las experiencias místicas son inefables, inexplicables. Truman Capote, escritor norteamericano dijo que escribir es lanzar un puñado de palabras al viento que cae en el texto en el lugar exacto. 

Te invitamos a que abras tu imaginación con la llave de la lectura.

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