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Coloquio con Miguel Ángel Asturias. (Fragmentos de una conversación) Parte 2




(clic para leer la parte 1)                   

Yo creo que a mí me habla El Señor Presidente, y hasta lo he pensado, como un mito que ha sido creado a través de la novela; es decir, El Señor Presidente es para mí ya un mito, un hombre… Porque yo lo que creo es que los “Señores Presidentes” se han dado especialmente en la América Latina, en países en donde hay una gran cantidad de mitos. El Presidente Estrada Cabrera, el que figura en la novela, para mí es un ser mitológico, si charlamos desde ese punto de vista de cómo lo veo ahora; y entonces, yo siento que ese mito, ese hombre que ejerce el mito, lo realizó, lo vivimos nosotros, lo sufrimos, pero en el libro ha quedado de esa forma… 

Ahora, a mí me sucede que con El Señor Presidente hay dos aspectos. En primer lugar, a Estrada Cabrera yo, mientras estuvo en el Gobierno, no lo vi nunca. A Estrada Cabrera lo vi la primera vez cuando lo fuimos a capturar, que yo fui representante de los estudiantes universitarios, y llegamos a La Palma, y estaba “el hombre” sentado, con su sombrero negro. Entraron los ministros de Inglaterra y de Estados Unidos; nosotros entramos también, los que lo íbamos a capturar. Volvió la cabeza, muy tranquilamente y dijo: “¿Ya es la hora?” Con una tranquilidad, se levantó, se levantó muy tranquilamente. No se le inmutó un músculo, no tembló: era el mito que se levantaba. Hasta ahí estaba el mito creador. 

En cuanto a Cara de Ángel, pues acaso haya un poco, un recuerdo de cómo veíamos nosotros, estudiantes, a un personaje famoso, que estuvo con Estrada Cabrera, y que se llamó Gálvez Portocarrero, Pocho Gálvez Portocarrero. No es absolutamente Cara de Ángel, pero si hay mucho de la personalidad de este joven, de una magnífica presencia, casi como Cara de Ángel, un orador admirable y que desgraciadamente se puso al servicio de la dictadura. Estrada Cabrera se encargó de enviciarlo y, como ustedes saben, injustamente terminó linchado, no obstante los esfuerzos que se realizaron por nosotros los estudiantes, que dos o tres veces detuvimos a la turba para que no cometiera el crimen; es decir, había, hay ahí, un recuerdo evidente de un individuo real que a nosotros siendo estudiantes jóvenes, nos parecía realmente un hombre, no sé si por su capacidad de orador o por su belleza física, nos parecía realmente un hombre, nos parecía un poco angélico, y estaba mezclado, naturalmente, a esta cosa turbia y terrible de la dictadura. Y comprendíamos que, como siempre ocurría en el caso de Estrada Cabrera, cuando lograba atrapar a una personalidad de esta clase, lo que hacía era proporcionarle o que llamábamos nosotros, lo llamamos siempre, la famosa “tarjeta”, o sea una forma para que este individuo en todos los lugares tuviera gratuitamente todo lo que quería. 

Entonces, Pocho Gálvez, como Santos Chocano, fueron hombres a los que, entraran a donde entraran, pidieran lo que pidieran, nunca se les cobraba, porque gozaban de “la tarjeta” del señor Presidente, y esto naturalmente iba enviciando a los individuos, los iba arruinando. 

Quizás haya un poco –yo mismo me lo he preguntado- un poco sobre la personalidad de Cara de Ángel, y don Enrique Martínez Sobral, recién publicado El Señor Presidente, me mandó una larga carta, como de catorce pliegos, carta en la que don Enrique Martínez Sobral, sobre cada personaje, va haciendo las aproximaciones: fulana de tal, fulano es fulano, y al hablar de Cara de Ángel, me dice: “me imagino que en Cara de Ángel hay un tanto por ciento de Alfonso Gálvez Portocarrero”. 

Yo creo que mis libros, contra lo que se cree, tienen muchísimo trabajo. El Señor Presidente yo lo copié casi nueve veces enteras. Los primeros capítulos los sabía casi de memoria, los recitaba casi de memoria, hasta hace unos ocho años. Después, se me fueron olvidando. 

Recordaba siempre la famosa frase de Anatole France que decía que hay que hacer olvidar que se escribe con palabras, y eso sólo se logra trabajando mucho un texto. Además de la cosa automática, yo mantengo siempre la preocupación auditiva de mis textos. Puedo decir que no quedo satisfecho con una página o con un párrafo o con una frase hasta que no la escucho muchas veces y, como se dice, me “suena”. Si no me “suena”, no la dejo por ningún concepto; la sigo trabajando día y noche, cambiando una palabra, colocando otra, que muchas veces en un párrafo una palabra es lo que va a hacer luz, como decía Válery, o una palabra sola puede comprender todo un parráfo.

Comentarios

  1. Valla ! Entonces si existió Cara de Ángel no al 100% como el personaje, pero si su aproximación. Es una pena que no hallan fotos de él. "Era bello y malo como satanás"
    Que grande Miguel Ángel Asturias.

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