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Un círculo más, una historia sin retorno

“La democracia se mide por la participación del pueblo en el ingreso, la cultura y el poder, y todo lo demás es folklore democrático o retórica”. Pablo Gonzáles Casanova.

En nuestro medio, pareciera que la apreciación o la norma para hacer funcional este concepto, es el relativo a todo lo demás. La participación usual de la población en la economía, ha sido en función de sociabilizar las pérdidas que producen los malos manejos e ineficiencias del aparato estatal. Resultado del implante y desplante de neomodelos económicos con el clásico resultado: pérdidas. La mayor expresión de esta perspectiva: la presente crisis económica global. Perspectiva absoluta y totalmente democratizadora al involucrar a la población mundial en el reparto de las pérdidas. Aunque, se puede decir con cierta certeza, que la mayoría de guatemaltecos no fuimos afectados por esta ola democratizadora global que cual tsunami, arrasó y siguió de largo. Nosotros ya estábamos hundidos en nuestra propia pobreza.

De igual manera, y con su propia dinámica, la participación cultural, siempre ha sido un terreno vedado a las mayorías. Independientemente del enfoque con que pueda analizarse o asumirla. En nuestro maravilloso país, lleno de diversas expresiones, que la mitad más uno de la población, no pueda leer, ni escribir; aunque la cifra es bastante discutible, por no existir estadísticas fiables para respaldar o desacreditar diversas afirmaciones sobre este fenómeno; es solo un aspecto más de esta folklórica cultura. Esto en la práctica veda a un buen porcentaje de la población el acceso hacia los productos o bienes culturales, que debido a la elaboración o su contexto, requieren para su apreciación, del conocimiento de su propio código o lenguaje de expresión. Sin tomar en cuenta los ingresos y desembolsos para la compra de estos y/o hacerse partícipes de estas expresiones.

Sin creernos poseedores de la verdad absoluta y con la panacea a factores tan diversos y complejos, pero sí como un aporte y como parte de una respuesta a esta dinámica, decidimos crear la Comunidad de Lectores. De esto, hace apenas algunos años. Nuestro planteamiento, establecer espacios de convivencia, libre expresión y discusión en torno a la lectura por medio de los Círculos de Lectores.

El lapso entre un círculo y otro, es decir de una propuesta o proyecto a otro, significa inversión de tiempo y recursos. El emprendimiento del ciclo habitual de la estructuración que requiere cualquier proyecto. En la parte quizás más dura, la negociación en diversas instancias y ambientes, nos hemos encontrado con reacciones que van desde el desdén, la indiferencia, la aceptación y la simpatía del proyecto pero sin ningún aporte real, o el tan acostumbrado “se mantiene en estudio.”

Pero hemos logrado llevar a cabo los proyectos que hemos estructurado, y en plena ejecución final, con total satisfacción, hemos visto validados nuestras propuestas. Y con creces. Como suele decir cierto autor: “El espectáculo más hermoso es la mirada de un niño que lee.” Günther Grass., Y si a esto se le agrega la convergencia de miradas de toda una familia, como ya dijimos resulta totalmente satisfactorio.

Es tal la aprobación que han gozado nuestros proyectos, que desde hace un tiempo, lamentablemente hemos sido afectados por varios intentos de despojo de nuestro patrimonio colectivo. Usual que en estos tiempos y bajo este sistema, quizás en más de una ocasión, alguno de nosotros hemos sido despojados de nuestros bienes bajo amenazas de muerte, por lo que seguramente alguien compartirá esta historia. Y también sabemos cómo han terminado algunas otras, en el fin de la vida de un ser humano. Desde las frías estadísticas es posible darnos cuenta de lo cotidiano de este fenómeno y lo mucho que democráticamente compartimos en estos cuadros de estrés, fatiga, dolor pero sobre todo de impotencia.

Soluciones, siempre las hay, desde las simples a las simplistas y probablemente nefastas. Siempre hay alguien que sugiere recurrir a la Ley del Talión. De tal modo, quizá sea necesario recordar a Mahatma Gandí, parafraseándolo: “Aquella vieja ley de ojo por ojo, diente por diente, termina dejando a todos tuertos y sin dientes”. También decía: “La pobreza es otra forma del ejercicio de la violencia.”

En el caso de nuestro patrimonio intelectual, de igual manera, seguimos creyendo en la forma clásica de entender la democracia y sus distintas formas de empoderamiento. Si bien es desesperante, cansado y bochornoso, enfrentar a instituciones con planteamientos líricos neoprogresistas y otros neologismos, que propugnan la vanguardia de un futuro siempre distante. Instituciones que al final de la jornada, no son otra cosa más que replicadores de dogmas culturales desfasadas propias del siglo XVI y XVII. Desde las mercantilistas, a las de la encomienda y el repartimiento, que creíamos extintas, peor aún, el triste y miserable papel de malinchistas.

Pero actuaremos conforme a los principios que debe ofrecer un Estado de Derecho y en nuestro campo de acción para no dejarnos arrebatar lo que nos pertenece y en consonancia con aquello que nos ha motivado a seguir en la senda: la aceptación y confianza de los usuarios y asistentes a nuestros distintos proyectos.

Y seguimos para adelante. En esta ocasión, uniéndonos a la pregunta de moda: Cuándo se jodió el país… Sin pretender hallar respuestas simplistas, o métodos exhaustivos o intensivos, si bien necesarios y acordes al espíritu de la academia; lo estaremos abordando con nuestra fórmula usual: a través de la mirada y/o respuestas que nos ofrecen las obras literarias.

Los invitamos a que se nos una, para que se manifieste, para que contribuya al dialogo, a comenzar a transitar por las sendas del Progreso, La Democracia y la Libertad. Aunque sea en la ficción, ya que tales nombres, folklóricamente solo suelen encontrarse en los nombres de los pueblos de este país. En pocas palabras, a que se una a este Círculo de Lectores que durante julio empezamos en la USAC. A que sea miembro pleno de la Comunidad de Lectores. Pero, mejor aún, para asumirse ciudadano pleno de un país en proceso, cargado de folklorismos y conocido como Guatemala.

Gracias,
Oscar Gatica.

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