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Aniversario, de la Comunidad de Lectores.

A dos años de dar vueltas en las página de los círculos de lectura. Cerramos un periodo y emprendiendo la dirección hacia un nuevo rumbo. Ampliamos el radio de cobertura; gracias al buen recibimiento del trabajo desempeñado, pero mejor aún, a la confianza y acompañamiento de nuestros compañeros y amigos lectores, esto a todo nivel. Además de corresponder, hasta ahora, a las expectativas y necesidades. Rompiendo estrecheces de propuestas basadas en direcciones: excéntricas o concéntricas; protagonismos sin sentido, o medidas puntuales coyunturales, pero sin ningún resultado final más que la frustración colectiva. Un lugar más que común, en nuestro medio.
Vemos que no podemos, ni debemos, asumir una actitud jactanciosa, cuando sabemos que no hemos hecho, más que aplicar una bandita adhesiva para cura en la superficie de una enorme costra, de una herida plantada en la sien propia del colectivo guatemalteco. Que si bien solamente puede resultar un paliativo, suple ocasionalmente y con creces de buena voluntad, la realización de un tratamiento mayor, por los encargados de proporcionar y facilitar recursos, a quienes están en la disposición de asumir retos y quizás un día erradicar este endémico mal. A pesar de las carencias se ha logrado ganar espacios de reunión, de compartimiento de experiencias de vida y conocimientos; herramientas para el análisis general de nuestra identidad, de nuestro lugar en el mundo, de nuestro tiempo, del universo, de reflexión personal; pero mejor aún de convivencia humana.
Gracias a ello hemos recorrido y abordado nuestra: “Maquina del Tiempo”. Desde nuestro código ancestral, el aporte de la cosmovisión de nuestros pueblos, al mito universal de creación y de la forja de nuestra identidad; a los escenarios de batallas épicas de resistencia y dignidad, hasta entonces desconocidas por no corresponder a los cánones de la historia oficial; seguimos por las empedradas calles de la historia, con las componendas, traiciones y amores frustrados de nuestros hidalgos colonialistas; visitamos y entramos a la guarida del Tigre, la mentalidad latifundista propia de siglos pasados; convocamos para el “Week end en Guatemala” un paseo de fin de semana siendo el turismo de aventura preámbulo de una tragedia que se prolonga por más de medio siglo; quizás sin haber asimilado moraleja, de “La Fábula del Tiburón y la Sardina”; descubriemos “La Latitud de la Flor y el Granizo”, para saber que habitamos un paraíso, del que de hecho nos y hemos sido expulsados de facto.
Trascendiendo fronteras formales con la tecnología, para descubrir y transmitir un mensaje, que nos haga saber y sentir que no estamos, “Solos” en este esfuerzo. De lo profundo de la selva amazónica surge la invitación de un compañero de lecturas y aventuras, “Un viejo que leía novelas de amor”, para refugiarnos en las bellas palabras, que nos hacen olvidar la barbarie humana, de la cual muchas veces no estamos exentos; total “Los locos mueren de viejos”. Ó quizás es que “La vida es Sueño” de la cual esperando expectantes seguir “La Senda del Cometa”. Habiendo emprendido este largo viaje que pareciera, fuese “De la Tierra a la Luna”. Quizás ciencia ficción o aventura kafkiana, cuando damos vueltas concéntricas en círculos cerrados de oficinas burocráticas, públicas o privadas, sin lograr ningún resultado real.
Con el eco de palabras que se produjeron en el recital de poesía que cerrara el primer Círculo Internacional de Lectores España-Guatemala. Y ahora marca la pauta para un nuevo ciclo de encuentros en donde lo vital, seguirá siendo la libre expresión a través de un idioma común y los anhelos universales de todo ser humano, verse reflejado, compartir, usando la técnica y la tecnología en la palabra para el servicio del desarrollo del ser, y no como expectantes consumidores en juegos y laberintos despersonalizados de imágenes deformadas, Apocalipsis sin sentido, propios de agoreros y pregoneros comerciantes de un submundo globalizado de miserias, desgracias y miedos.
Cerramos estas líneas, con un mensaje de una amiga. “La lectura genera mejores ciudadanos. Gracias a los libros aprendemos a creer en lo imposible, a desconfiar de lo evidente, a formar pensamiento crítico, a exigir nuestros derechos, a cumplir con nuestros deberes como ciudadanos. La lectura es una parte esencial de la educación informal e influye en el desarrollo personal y social de los individuos y sin ella, no hay sociedad que pueda progresar”.
Hay tres ámbitos que debemos ajustar si queremos convertirnos realmente en un país de lectores: casa, escuela y comunidad. “Silvie”

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