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Círculo de Lectores Casa Flavio Herrera


Por: Banessa Echeverría/ Integrante Círculo de Lectores/Casa Flavio Herrera...
La tertulia de grupos que se reúnen para hablar de algún tema se remonta a la antigua Grecia, posteriormente fue tomado en los salones literarios de los siglos XVII y XVIII, así como en la Mesa Redonda del Hotel Algonquin, Nueva York en la década de los años veinte. Algunos otros espacios para la conversación acerca de la literatura ha tenido lugar en varios distritos de Estados Unidos durante los noventa, no solo en los locales comerciales se ha arraigado este compromiso por degustar de la buena literatura y compartir la acuarela de enfoques acerca de diversas temáticas. También las cafeterías, librerías, asilos, las iglesias o incluso en casas.
En Nueva York, algunas personas llegaron a dialogar acerca de diversas temáticas, las cuales se elegía una a una por un proceso democrático de votación, conforme fue transcurriendo el tiempo más personas fueron adhiriéndose a la dinámica; habían jóvenes, viejos, unos bien vestidos, otros desaliñados, algunos instruidos, otros no. El hecho fue que a manera en que los minutos seguían su paso todos aportaron sus opiniones sin que se dieran interrupciones, propiciando el ambiente para establecer reglas necesarias en una convivencia libre. ¿Pero quien promueve esa convivencia libre? El moderador, que juega un papel fundamental. Éste ha de favorecer una atmosfera de respeto que estimule a todos a intervenir sin presionar ni permitir que alguien acapare la conversación. Ante todo se respetan todas las opiniones y a todas las personas. Las reglas y el anonimato que pueda mantenerse contribuyen a que la experiencia sea tanto intelectual como emotiva.
Los frutos de escuchar y ser escuchados en afianzamiento de la seguridad en si mismo es evidente y paulatino. El ser escuchados valida la presencia propia en el mundo. El hecho de escuchar por otro lado tiene un efecto tranquilizador en nosotros. Se reafirma el sentimiento de autonomía.
Algunas personas con el interés de agruparse como aficionados a la lectura, más bien conocidos como: clubes de lectura se iniciaron como apéndices de empresas comercializadoras de libros y otros en ambientes totalmente particulares y exclusivos. Complementariamente los círculos de lectura buscan abarcar a todo tipo de aficionados con la aceptación de todas aquellas personas con la intención de compartir el gusto y el hábito de la lectura, en un ambiente que facilite la libre expresión, discusión con respeto y cordialidad enriqueciendo no solo el área intelectual de los individuos que asistan sino también afirmando el área emotiva del mismo. Desde el punto de vista sociológico el efecto terapéutico del grupo en el individuo es beneficioso para lograr tanto la integración como una mejor socialización.
El hecho de mejorar la socialización fortalece a su vez la tolerancia hacia puntos de vista divergentes entre los lectores y por ende enriquece el dialogo que se establece entre los mismos. Si los círculos de lectura proliferaran y tuvieran permanencia entre la formación de los lectores podrían coadyuvar a la reducción los índices de violencia que se han incrementado en estos años. Por consiguiente, los efectos sociales de los círculos de lectura hacen mejores ciudadanos para nuestro país. Así que somos afortunados por contar con un círculo de lectura como el de la Casa Flavio Herrera, por lo que debemos tratar de conservarlo y seguir practicando el hábito de la lectura porque leer es un placer.
Finalmente, con el afán fortalecer el intercambio de ideas en los lectores quedan invitados a participar en el circulo de lectores internacional programado para el 25 de febrero del año en curso.
Comunidad de lectores.-
Guatemala de la Asunción, enero de 2010.

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